El tren ya para el Valby

11 01 2011

Descendiendo entre las nubes vi un país verde, la nieve blanca deja paso a los diversos colores que tiñen el suelo danés. Solo 3 semanas después y ya había olvidado la brisa que corre por Trekroner y que te deja las orejas congeladas. Y eso que en Dinamarca las temperaturas vuelven a marcar grados positivos pero hay cosas que no cambian ni con el nuevo año. Si hablas en la Silence Zone, te echan la bronca -incluso entre daneses-; si se atreves a cruzar en rojo una avenida sorteando los coches, puedes verte esperando en el siguiente carril a que las bicis pasen o si osas a llegar tarde, una mirada fulminante te hará sentir mal. Las conversaciones ahora comienzan con “hello” y “tak” vuelve a tener significado. El euro pasó a mejor vida y las morenas también.

El civismo danés contrasta con la efusividad Erasmus, los reencuentros, los abrazos y las cenas en Korallen. Las penas y las tristezas se quedaron atrapadas en el vuelo 3304 de Iberia. La señorita 006176, alias la dormilona/xoxona, me hizo el favor de facturarme un día antes y hacer la vista gorda de mis 27 kilos de maleta (ten amigos hasta en el infierno), además tuvo el detalle de ponerme el primero y en ventanilla. De tal modo que la perdono haberse quedado dormidita esta mañana y no haber venido a tomar chocolate con churros. Había que despedirse de Madrid a lo grande y si grande fue la ración de churros y porras, más todavía fue a alegria al saber que me habían invitado. No fue el único golpe de suerte porque hablando con el panadero de los precios del pan en Dinamarca se solidarizo conmigo regalandome la última barra de pan español que comeré en 6 meses. A fin de cuentas, Barajas sigue siendo un pueblo en el que nos conocemos todos. Si no hay que ver la cantidad de convecinos que me desearon buena suerte para el viaje. Hoy, al menos me acompañó durante todo el día 😉

Al ritmo del “Yellow Submarine” que suena en la radio concluto la primera actualziación del año desde Dinamarca. Para bien o para mal, España quedó atrás





Últimos paseos por Forkerspark

13 12 2010

Vuelve Trekroner a sonreir. El sol reluce en el cielo, el cesped se torna verde, el frio se apodera de mis huesos, los patos nadan por el lago, mi bici roja enfila el bulevar rumbo a la estación y los periódicos daneses vuelve a llenar mi buzón regularmente.

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Vuelven los lunes depresivos. El viaje en tren de vuelta a Trekroner siempre da para pensar en los mejores momentos del finde. Las visitas pueden parecer un incordio los viernes. Suelen, además, hacer a uno perderse algunos acontecimientos Erasmus. Le desconectan de la burbuja para llevarle a otro mundo. Pero por nada cambio la sensación de felicidad que embarga a uno al ver sus rostros felices apareciendo por la terminal del aeropuerto.

(Break for lunch)

Tras un “lunch” muy amplio termino de reescribir la historia.

El finde fue “ferpecto” con las 5 amigas barajeñas. Parecía increible verles a todas aquí. En la fría dinamarca. Y como era de esperar el viaje no estuvo exento de percances dignos de recordar en la piscina el próximo verano. Aquí escribo algunos de los míticos:

¿Quién roncaba por las noches?, el resbalón de Isa a causa del hielo, las fotos protagonizadas por María, el frio extremo en Malmo, la facilidad para adaptarse a las “costumbres” españolas en Dinamarca, el moratón en el culo de María tras caerse del carrito, “no creo”, Isa encerrada en el baño 15 min incapaz de abrir el cerrojo, la bronca del inspector por no tirar la basura, la cámara de María enterrada en la nieve, a María saltando la ventana detrás de ella, Christiania, colarse en el Tivoli, la hamburguesa de 12 euros, vino Palo Seco (o Tierra Alta), los calcetines mojados, la fiesta de los profesores en la Universidad, el chinchón, los souvenirs…

Gracias por la visita. Nos vemos en Barajas en 7 días =)





Bye bye Open Card

25 10 2010

Si señores, nos han pillado. La revisora con aspecto de tonta y un inspector musculitos nos han requisado nuestra maravillosa tarjeta con la que viajabamos gratis a todos lo lados. Fue bonito mientras duró. 2 meses de ilegal que me han ahorrado una buena suma de dinero (facilmente 500-700 euros, sino más) en transporte: Hillerod, Helsingor, Olby, Roskilde y los innumerables trayectos Trkroner-Copenhague. Todo ello sin contar a las atracciones, museos y palacios en los que entré gratis. Ese mundo idílico y paradisiaco se acabó… de momento.

Nos creiamos invencibles y los más optimistas se veian con la tarjeta hasta final de año. Pero demasiada gente copió la idea y los revisores se extrañaron que tantisimos estudiantes fuesen a Trekroner con la Open Card. Esto les llevó a ponerse en alerta y a realizar controles más exhaustivos de la tarjeta “mágica”. Cada vez conocíamos a más gente que les habían pillado y aún así decidí correr el riesgo de llegar hasta el final. Y el final fue ayer a las 22:40 en Valby, cuando cabizbajos y riéndonos bajamos al anden tras haber sidos expulsados por el inspector. No nos puso multa ni llamó a la policia, como se especulaba por la residencia, simplemente nos quitó la tarjeta y nos ordenó bajar en la siguiente parada. El dolor supremo vino después al tener que pagar 69 coronas por el ticket sencillo. y aquí viene la otra parte de la historia. Si se creen estos engredios daneses que pienso contribuir con mi dinero a pagar su fantabuloso estado de bienestar del que solo ellos disfrutan sus ventajas, LO LLEVAN CLARO. Me niego en rotundo a estar 7 meses pagando 50 euros por un clipcard de 50 euros. Aún a riesgo de quedarme aislado en Trekroner. Buscaré la forma de que no se borré la banda rugosa que identifica si una tarjeta ha sido falsificada con acetona para cambiar la fecha. Viajaré en bus o encontraré otra ruta que evite pasar por la ya conocida ruta del terror. Si porque terror te entra al pagar esos precios abusivos. Hemos comprobado que en el metro, en los autobuses y e los trenes rojos no pasan tantos revisores y los que hay no se fijan tanto en los detalles. Además la tarjeta nueva me servirá para seguir viajando por Sealandia y para entrar en los sitios turísticos gratis. Pero ¿cómo llegaré a copenhague si no quiero pagar tanto?. Esa es la cuestión.

Al menos la tarjeta dió como último servicio entrar al Tívoli gratis y ver lo bien que lo tenían todo decorado para Halloween. También pude subir a la torre de la iglesia próxima a Christiania desde la cual se ven unas magníficas vistas de la ciudad, después de subir cientos de escalones los cuales se estrechaban y empinaban cada vez más a medida que se acercaba uno al final. El día turísitco de Copenhague sirvió para enseñarle la ciudad a los amigos de Claudia y para descubrir que es aquí donde se encuentra el mejor restaurante del mundo: el noma. Como honor decir que comimos un bocata enfrente de su puerta. está ubicado al lado de la Opera, enfrente del Nihavn.

Ahora me toca ponerme a escribir un ensayo mortal para mi querida Teoria de la Comunicación del cual hablaré mañana. Me despido con uin consejo para todos los erasmusitos de Trekroner. Usar la tarjeta es una ruleta rusa en estos momentos. Pueden no darse cuenta los revisores como tocarte el cabrón de turno que te deje tirado en medio de una estación. No la usen

Vuelve a salir el sol en Roskilde =)





Un finde un poco “acalorado”

3 10 2010

Lo reconozco. Tenía mono de escribir en el blog. Han sido 2 días de locura total y un no parar que hicieron imposible que actualizase. Ni siquiera una breve frase que es lo que tenía pensado hacer.

Ya avise a Doña Rebeca Alcantarilla Casado y a la señorita Teresa Tendero Carrasco que en este país hacia mucho calor y por suerte ellas me hicieron caso y se trajeron buenas cremas protectoras del sol, sus gafas de sol y el bañador para refrescarse con el agua del lago. Tan sofocante era el calor que el sábado tuvimos que comer tirados en el suelo de la estación de Osterport -ante la mirada incrédula de los daneses que pasaban por allí- porque no soportábamos estar más en la calle. Estaba tan ansioso de su visita que casi me da un patatús en la estación central de Copenhague cuando las llamo para que me digan por donde andaban y la bromista de Rebe me dice que el vuelo estaba cancelado y que no podían viajar. Casi lloro. No podía vivir una semana más sin paté ni tomate Orlando. Con las cosas del comer no se juega.

Pero me tomé mi venganza. Llegamos a Korallen, dejamos las maletas sin abrir y me fui a mendigar 2 bicis para mis compañeras. Sara y Miriam me prestaron voluntarias y a la aventura que fuimos. Les dí (venga, que salgan los foráneos de Madrid a decirme que está mal escrito) un paseo por el campus y sus alrededores antes de coger el carril bici para Roskilde. Rebe, presa del pánico y de la vaguitis particular suya, desistió en la estación de Trekroner, dejo la bici y se subió al tren. De Roskilde no vieron mucho, la verdad. Solo la calle principal y la plaza del pueblo con la catedral al fondo ya que habíamos quedado con Verner en Copenhague a las 20:00 y eran las 19:15. No le habíamos avisado que llegaríamos tarde, tampoco teníamos su móvil y encima debíamos volver a la resi para cenar, ducharnos y coger las cosas. Obviamente nada de eso daba tiempo. Nos liamos la manta a la cabeza, dejamos las bicis en Roskilde y tomamos el tren de las 19:32 con lo puesto. Salir a dar una vuelta con la bici se convirtió inesperadamente en salir a un pub en Copenhague. Teresa lo pasó muy mal en el tren. Debió esconderse en el baño, con un peculiar olorcito que aconsejaba lo contrario porque no llevaba la Copenhague Card recién comprada.

Verner nos invitó a un “cucumber Mojito” riquisimo al que siguieron otros cocteles deliciosos que ayudaron a entonar la noche. Tras 2 horas por la ciudad volvimos a Trekroner. Era la hora de Rockwool, su primera gran fiesta, su despertar definitivo. La cosa prometía porque eran 3 plantas con música y canciones, que iban del estilo flower power al dance con un toque Irish, y gente vestida con sus peores ropas o cuanto menos, algo estrambóticas. Me hubiese gustado imitarles pero llegamos a Korallen sin más que tiempo que para llenar el buche, adecentarnos y salir escopetados para la Blue Tower. ¿Poca cosa? A eso súmenle ir a Roskilde a por las bicis y volver montados en ellas. Un agradable paseito nocturno. Cuando quisimos legar a Rockwool la gente iba más feliz que un regaliz y con unas pintas que ni la mejor Bad-Taste Party puede superar. Lástima que fuese demasiado tarde y la gente se empezase a ir cuando solo me había bebido un cubata. Rockwool, volveré.

Bueno tras esa gran frase metafísica y pensada, continuo contando el día de ayer. Basicamente se resume en la visita turística por Copenhague. Con ellas dejé de sentirme Erasmus para ser un turista más: con las fotos, hablando español sin preocupaciones, la mochila y los bocatas de rigor. Comenzamos el día en el Tívoli y lo terminado comprando recuerdos de Christiania. Volví tan feliz con las 2 chapitas que cogí en un edificio dedicado a explicar la historia del Tibet. Mi honradez la dejé de nuevo en un extraño lugar de mi cabeza ya que había un buzón donde depositar el dinero de las chapas (2×20 DKK) pero como no había nadie vigilando solo deposité 50 céntimos de corona. Las chapas ya lucen en mi cuarto. Sigo rezando todos los días para que el Karma no exista o al menos que sea ciego. Chrisitiania siguió sorprendiéndome por su ambiente cultural, su gente y el rollo alternativo que envuelve el ambiente. Los 3 salimos contentos de allí y la felicidad nos duró toda la tarde, incrementándose al ver mi maleta con cosas para mí desde España. Enumero: pantalones térmicos, 2 sudaderas, un jersey, unas botas, lomo y jamón, PATE, sardinas, acetona, TOMATE ORLANDO, palmeras, series, aceite, palillos de oido, insecticida y postales de mi Madrid querido. Viajaré, conoceré, viviré, visitaré mil ciudades pero como Madrid, ninguna. Mi orgullo madrileño supera a todo lo demás y la nostalgia que siento por mi ciudad ahora se ve compensanda con las postales.

Pasado este ataque de Madrilitis y la apertura de la maleta, toca recordar la cena de ayer. En Korallen vuelve a haber esas cenitas en las que nos reunimos en las cocinas comunes para probar la comida diversa que cada noche cocina uno y socializar en inglés con la gente. El jueves fue la pasta de Vera y las tartas/bizcochos de Magdalena. La noche pasada tocaron crepes, tanto dulces como salados, que nos dejaron a casi todos bastante satisfechos. Pido públicamente perdón por llegar a mesa puesta =)  Posteriormente salimos de fiesta a Copenhague aunque tras ir al Francis Pony, nosotros 3 y unos cuantos más nos volvimos para Trekroner. Había sido un finde loco y ajetreado. Hoy, despedida y chip en modo hogareño/nostalgia. Pasarán meses hasta que de nuevo nos volvamos a reir con nuestras paridas. Os echaré de menis, mis tontinis favoritinis. Sobre todo ahora que me toca limpiar vuestra mierda =P

Subo las fotos (de mi camara) con los mejores momentos daneses. Por cierto, os habeis dejado el bronceador, menos mal que en Madrid hace frio y mucho viento. Aquí me será más útil.





Loca fiesta universitaria

18 09 2010

Los deseos de mi querida María Antoña son ordenes y ella, melena al viento desde su ventana, me dijo que debía de actualizar ya. Y a eso voy, a contar la que hasta ahora ha sido la mejor fiesta en Dinamarca y probablemente una de las más especiales de mi vida. Inolvidable porque a partir de ahora debo de cambiar mi percepción de “fiesta universitaria” ya que hasta ahora yo la consideraba como una reunión de universitarios a las puertas de la universidad, pero aquí, en Dinamarca, la cosa cambia. La Arsfest es en la propia Universidad, en sus pasillos, en la cantina, en las clases, en cualquier rincón; organizado y preparado todo por estudiantes que en su tiempo libre se dedicaron a decorar las salas o a colocar todo en orden de nuevo. Es una fiesta única porque en cada facultad había una fiesta organizada donde se vendía alcohol (¡en las propias clases!) o había snacks para comer. Todo ello con música de fondo y gente sentada (o encima bailando) en las mesas de las aulas.

Definitivamente somos incapaces de cenar a las 18:30, por mucho que la fiesta empiece a las 19:00, nosotros vamos a nuestro ritmo y llenamos el buche a las 20:00 para plantarnos en la uni a las nueve y pico. Desde el principio íbamos con ganas de marcha y tras montarnos 5 en una bicicleta circular que nos paseó por la entrada, nos dirigimos a dar una vuelta por las facultades a ver que se cocía. Finalmente acabamos en la Cantina, comedor por el día, discoteca por la noche. Nada parecía indicar que ese era el mismo lugar donde esa misma mañana habíamos comido: las columnas estaban decoradas com si fueran árboles, varias bolas esféricas hechas con vasos de plásticos hacían las veces de luz y una multitud de gente bailando sin parar. Es el momento de encontrarte con el resto de estudiantes, saludarlos, bailar, comentar, reir, beber, hacer el mongolo y demás cosas que derivan de la ingesta masiva del alcohol. Cuando uno cree que son las 2 de la mañana por lo menos, observa el reloj y comprueba que a pesar de ir ya contentillo solo son las 22:25. En esas andaba yo cuando sucedió el primer momentazo de la noche: la cola para ir al baño. Me encontré con Verner, Fanny y amigos suyos cuando por fín llega mi turno para entrar en el baño. No se por qué pero no cerré la puerta con cerrojo y en 4 segundos se sucedieron las siguientes escenas mientras orinaba: entra una chica, me dice que se mea, se baja la falda, se las ven las partes nobles, me ve mis partes nobles, meamos a la vez, me planta 2 besos, me da las gracias, nos echamos una foto y si te he visto no me acuerdo. En fin…

Cuando nos cansamos de la Cantina fuimos a una de las carpas que había instaladas en el cesped pero para llegar tuvo que pasar el SEGUNDO momento de la noche: subirnos al trenecito. Como niños pequeños subimos ilusionadisimos y llenamos los hispano-parlantes 4 filas. Nada más arrancar empezamos con el repertorio de canciones populares españolas, esas que se cantan siempre que nos concentramos en un sitio público con 4 copitas de más. Al unísuo, voces al viento y palmas acorde cantamos “camarero”, la “macarena” y “sarandonga”. Ni que decir tiene, que la gente del tren y la que nos veia por la calle alucinaba con nosotros. No paramos en los 15-20 min que duro el trayecto en el tren. Casi afónicos, nos dirigimos a la carpa finalamente.

Allí ya echamos el resto. Durante 2 horas bailamos sin descanso, saltando, abrándonos… daba igual que hace 1 mes no nos conocieramos de nada, daba igual que hablaramos diferentes lenguas, daba igual el rídiculo, somos jovenes y Erasmus y con eso basta y sobra. Lo q en España serían las 6 de la mañana, aquí eran solo las 3. Aún con dolor de pies, cansancio general y un poco de sueño, eché el resto y me quedé hasta las 4.

De vuelta a Korallen, en la mediterranean kitchen estaban Sara y Victor cocinando pasta. ¡Están locos! pensé pero 10 minutos más tarde saqué mis spaguettis de la nevera y me puse a recenar con ellos. Para culminar la gran noche, traje cereales con leche y tan felices nos fuimos a dormir 😀





Fumando espero…

12 09 2010

Todos, algunas vez en nuestras vidas, hemos tenido las típicas noches en las que parece que todo es una broma, caminas sin rumbo fijo y los planes preestablecidos son papel mojado. Ayer fue una de esas. La historia comienza por la tarde cuando el facebook echaba humo debatiendo el plan de por la noche. Mensajes confusos hablaban de una fiesta, nadie sabía donde (Roskilde, Copenhague, bosque, playa) y a la cual a la mayoría no le apetecia ir. Pero a quién vamos a engañar, somos españoles, estamos de Erasmus y bajo ningún concepto -seguir resacosa del día anterior, haber dormido una hora- no puedes ir la mega fiesta de las hogueras en las playas de Copenhague. Suena taaan atractivo que es de las típicas fiestas que lo estas pasando bien antes de ir. No puedes quedarte en casa y perderte el que puede ser el fiestón del siglo. Con esa argumentación los españolitos y algún inflitrado, tomamos rumbo hacia la estación de Trekroner. Algo pintaba mal cuando el tren, que nunca se retrasan, pasó 15 minutos después. El mal presagio se confirmo cuando despues de 2 trenes y un autobus interminable llegamos a Charlottenlund. El panorama que nos encontramos fue de película: no quedaba nadie más en el bus, era la última parada, no se veía nada a nuestro alrededor, ni música, ni ambiente ni apenas luz. Nos bajamos y pronto se oyó el típico comentario: “sabía que no debía venir”, “yo quería quedarme en casa” …

Aún con esas fuimos a la playa y aprovecho para describirla. Una inmensa llanura de cesped, sin ningún tipo de iluminación alguna, hasta tal punto de no ver si llegabamos al mar o no; y después de un paseo llegamos al final de la explanada para observar que hay un metro, si, un metro; de “arena” y luego el plácido, y probablemente gélido, mar Báltico. ¿Y la super-fiesta?. También se la describo. Una hoguera. Solo había una hoguera. Triste, solitaria, perdida en la explanada y de la que solo tuvimos constancia al acercarnos, preguntar por la fiesta y concluir que habíamos llegado tarde. Empezó a las 19:00 y eran ya las 23:00. Yo me niego a salir cenado de la residencia a las 17:00 de la tarde por mucho que aquí coman a las 12. Con ese percal y todos abatidos en la parada del bus para volver, a Sara, Victor, Claudia y a mi no se nos ocurrió mejor idea que colarse en la fiesta que había en la casa adyancente a la parada. Vestidos de etiqueta para la ocasión (chandal y playeras) nos metimos dentro, preguntamos al recepcionista por la fiesta, pasamos un salón con gente cenando, subimos unas escaleras, saludamos a los puertas, nos colamos por una terraza y llegamos a la fiesta. Los 4 nos pusimos en la pista dispuestos a bailar y por qué no, a beber alcohol; cuando amablemente se acerca un hombre para decirnos que es una fiesta privada. Hombre estaba claro, solo con ver que todos eran gente mayor, iban arreglados y que nos miraban con cara de extrañeza… Pero el objetivo estaba cumplido, nos habíamos colado y nadie nos lo había impedido. Descojonados de la risa bajamos por donde habíamos subido ante la mirada de todos los curiosos. Viva nuestros cojones!

El plan siguiente fue ir al centro de Copenhague a beber a un pub. La verdad es que al que fuimos me gusto bastante. Era barato, buen ambiente y música graciosa. Era la 1 y estábamos cansados. Una noche normal hubiesemos ido a la estación, habríamos cogido el tren y a las 2 estaría durmiendo pero NO. El siguiente tren pasaba a las 3:16, faltaban 2 horas y nos entró toda la depresión. Quizás nos podríamos haber quedado durmiendo en la estación como vagabundos sin embargo surgió una idea mejor: ir a Christiania, un barrio que si ya me da miedo de día imagínense de noche. Planeamos mil maneras para ir asta allí: en bus, a pie, ¡¡en taxi!!, en una carroza tipo Sevilla… Eran opciones reales y de las cuales preguntamos el precio y todo. Pero al final nos decantamos por robar 2 bicis y que Victor y Guille fuesen para allá mientras que nosotros esperaríamos en la estación en nuestro querido Mc Donalds. Entre tanto llenamos el buche y robamos un paquetón de servilletas del Mc Donalds que me han solucionado el problema de la limpieza por todo el semestre.

3:00 de la mañana, exteriores d ela estación, entre risas y humeras despedidmos la noche a lo grande, brindando por ella y por la aventuras que nos deparó. Nocilla, leche y tan felices para la cama =)





Un día en Malmö

5 09 2010

5-09-2010, el mismo día que puede que cambie la historia de España (soy escéptico pero de ilusiones se vive) amaneció en Copenhague trayendo buenos presagios: un sol brillante en el cielo y temperatura que incitaba a quitarse la chaqueta y estar en manga corta. Al ser primer domingo de mes nos llevamos la grata alegria de comprobar como los trenes hasta Copenhague eran gratis. Eso si, parabas en todas las estaciones habidas y por haber. Tras 2 cambios de trenes a las 12:10 la extensa comitiva de españoles e italianos arribó en Suecia donde, ya saben; es característicos por las rubias melenas, los verdes campos y su moneda diferente.

Un paseo por el centro histórico de Malmö nos permitió acercanos un poco a la arquitectura escandinava de bajas casitas muy coloridas, tejados pronunciados, calles peatonales y sin apenas coches. La comida la realizamos tumbados en un parque a la orilla del canal. Todo presagiaba que estabas en Madrid (idioma, sol, calor, cesped) pero no, era la fria Suecia en Septiembre. Incredible! Reconozco que me encanta este país por sus pequeños detalles: vas caminando por un parque y de repente apareces en medio de una huerta de frutas y verduras donde la gente normal de la calle está recolectando. O pasas por su plaza central y ves a los 7 principales partidos de Malmö en sus casetas repartiendo folletos (¿no me ves con cara de latino?) con una sonrisa. O ves que en los canales hay escaleras y flotadores de emergencia por si alguién se ahoga. O tienen bolsitas para recoger la caca de perro repartidas por sus inumerables parques.

Como el tiempo acompañaba, llegamos al mar desde donde se divisaba la costa danesa con Copenhague al fondo. Los 20 kilometros que separan Suecia y Dinamarca son atravesados por el puente de Orensud, obra de Calatrava. Del mismo arquitecto fue la torre que fuimos a ver en la costa de Malmö. Por si no lo saben, en estos paises a la minima que ven un rayo de sol están tumbados para “intentar coger color”. Y no solo eso, ¿que el mar de suecia es el mar del norte? pues me baño; ¿que el agua estaba para ahcer de todo menos para meter un pie? pues meto también la cabeza. Sin arena pero con tumbonas los suecos ahí estaba aprovechando la última tregua del tiempo antes del invierno. Yo que (aviso, no me voy sin meter el culo en estas aguas) andaba animado, meti mis pies en el mar durante 10 minutos. Conclusión: No me los amputaron por congelación, era soportable el frío. Si hubiese tenido toalla…

De vuelta al centro de Malmö, nos pateamos hasta acabar exhausto sus calles y entramos a un parque en el que todas las atracciones eran para niños. Silvia, Claudia y yo como unos auténticos infantiles nos animamos a tirarnos por el tobogan o montarnos en culimpios. ¡Qué nostálgia de aquellos tiempos! ¿verdad? Tras una apradita para tomar un chocolate y un café, partimos con dirección a Copenhague. El resto, lo de siempre: ves como se escapa tu tren justo cuando llegas al andén, te hablan por megafonía y solo entiendes “Danmark”, corres a lo largo del vagón escapando del revisor porque te has colado… ¡Qué les voy a contar yo! Somos Eramus y latinos.

Suecia, volveremos!!