El sol aprieta en la ciudad

10 04 2011

“Ya el campo estará verde, debe ser Primavera
por mi mirada cruza un tren interminable”

Joaquin Sabina

Si no tenía sufieciente con no tener internet en casa, el ordenador ha decidio ponerse en huelga indefinida al contraer un virus que ha inutilizado cualquier aplicación de él. Esto supone el cierre temporal del blog hasta nuevo aviso. Justo se produce cuando más bonita se encuentra la ciudad. Las flores empiezan a teñir de colores los parques y la gente aprovecha cualquier momento para tumbarse en el cesped. Este fin de semana ha sido especialmente bueno. Invitaba a salir a la calle y a comer fuera. Hoy, por primera vez, he experimentado una sensación que hacía meses que no sufria: el calor. No sabía lo que era ir por la calle en manga corta. Lo mejor es que la temperatura no sobrepasó los 15 grados. Creo que me estoy volviendo muy nórdico.
Con Sara estuve aprovechando la mañana paseando por las calles de Frederickberg, un barrio elegante, señorial y de estilo inglés. Descubrimos unos jardines y nos tumbamos al sol, imitando a los locos daneses que sin camiseta intentaban oscurecer sus pieles. Hermoso, gran día.
Con este panorama, ¿quien puede dudar del encanto de Copenhague?

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Un día en Malmö

5 09 2010

5-09-2010, el mismo día que puede que cambie la historia de España (soy escéptico pero de ilusiones se vive) amaneció en Copenhague trayendo buenos presagios: un sol brillante en el cielo y temperatura que incitaba a quitarse la chaqueta y estar en manga corta. Al ser primer domingo de mes nos llevamos la grata alegria de comprobar como los trenes hasta Copenhague eran gratis. Eso si, parabas en todas las estaciones habidas y por haber. Tras 2 cambios de trenes a las 12:10 la extensa comitiva de españoles e italianos arribó en Suecia donde, ya saben; es característicos por las rubias melenas, los verdes campos y su moneda diferente.

Un paseo por el centro histórico de Malmö nos permitió acercanos un poco a la arquitectura escandinava de bajas casitas muy coloridas, tejados pronunciados, calles peatonales y sin apenas coches. La comida la realizamos tumbados en un parque a la orilla del canal. Todo presagiaba que estabas en Madrid (idioma, sol, calor, cesped) pero no, era la fria Suecia en Septiembre. Incredible! Reconozco que me encanta este país por sus pequeños detalles: vas caminando por un parque y de repente apareces en medio de una huerta de frutas y verduras donde la gente normal de la calle está recolectando. O pasas por su plaza central y ves a los 7 principales partidos de Malmö en sus casetas repartiendo folletos (¿no me ves con cara de latino?) con una sonrisa. O ves que en los canales hay escaleras y flotadores de emergencia por si alguién se ahoga. O tienen bolsitas para recoger la caca de perro repartidas por sus inumerables parques.

Como el tiempo acompañaba, llegamos al mar desde donde se divisaba la costa danesa con Copenhague al fondo. Los 20 kilometros que separan Suecia y Dinamarca son atravesados por el puente de Orensud, obra de Calatrava. Del mismo arquitecto fue la torre que fuimos a ver en la costa de Malmö. Por si no lo saben, en estos paises a la minima que ven un rayo de sol están tumbados para “intentar coger color”. Y no solo eso, ¿que el mar de suecia es el mar del norte? pues me baño; ¿que el agua estaba para ahcer de todo menos para meter un pie? pues meto también la cabeza. Sin arena pero con tumbonas los suecos ahí estaba aprovechando la última tregua del tiempo antes del invierno. Yo que (aviso, no me voy sin meter el culo en estas aguas) andaba animado, meti mis pies en el mar durante 10 minutos. Conclusión: No me los amputaron por congelación, era soportable el frío. Si hubiese tenido toalla…

De vuelta al centro de Malmö, nos pateamos hasta acabar exhausto sus calles y entramos a un parque en el que todas las atracciones eran para niños. Silvia, Claudia y yo como unos auténticos infantiles nos animamos a tirarnos por el tobogan o montarnos en culimpios. ¡Qué nostálgia de aquellos tiempos! ¿verdad? Tras una apradita para tomar un chocolate y un café, partimos con dirección a Copenhague. El resto, lo de siempre: ves como se escapa tu tren justo cuando llegas al andén, te hablan por megafonía y solo entiendes “Danmark”, corres a lo largo del vagón escapando del revisor porque te has colado… ¡Qué les voy a contar yo! Somos Eramus y latinos.

Suecia, volveremos!!