Un finde un poco “acalorado”

3 10 2010

Lo reconozco. Tenía mono de escribir en el blog. Han sido 2 días de locura total y un no parar que hicieron imposible que actualizase. Ni siquiera una breve frase que es lo que tenía pensado hacer.

Ya avise a Doña Rebeca Alcantarilla Casado y a la señorita Teresa Tendero Carrasco que en este país hacia mucho calor y por suerte ellas me hicieron caso y se trajeron buenas cremas protectoras del sol, sus gafas de sol y el bañador para refrescarse con el agua del lago. Tan sofocante era el calor que el sábado tuvimos que comer tirados en el suelo de la estación de Osterport -ante la mirada incrédula de los daneses que pasaban por allí- porque no soportábamos estar más en la calle. Estaba tan ansioso de su visita que casi me da un patatús en la estación central de Copenhague cuando las llamo para que me digan por donde andaban y la bromista de Rebe me dice que el vuelo estaba cancelado y que no podían viajar. Casi lloro. No podía vivir una semana más sin paté ni tomate Orlando. Con las cosas del comer no se juega.

Pero me tomé mi venganza. Llegamos a Korallen, dejamos las maletas sin abrir y me fui a mendigar 2 bicis para mis compañeras. Sara y Miriam me prestaron voluntarias y a la aventura que fuimos. Les dí (venga, que salgan los foráneos de Madrid a decirme que está mal escrito) un paseo por el campus y sus alrededores antes de coger el carril bici para Roskilde. Rebe, presa del pánico y de la vaguitis particular suya, desistió en la estación de Trekroner, dejo la bici y se subió al tren. De Roskilde no vieron mucho, la verdad. Solo la calle principal y la plaza del pueblo con la catedral al fondo ya que habíamos quedado con Verner en Copenhague a las 20:00 y eran las 19:15. No le habíamos avisado que llegaríamos tarde, tampoco teníamos su móvil y encima debíamos volver a la resi para cenar, ducharnos y coger las cosas. Obviamente nada de eso daba tiempo. Nos liamos la manta a la cabeza, dejamos las bicis en Roskilde y tomamos el tren de las 19:32 con lo puesto. Salir a dar una vuelta con la bici se convirtió inesperadamente en salir a un pub en Copenhague. Teresa lo pasó muy mal en el tren. Debió esconderse en el baño, con un peculiar olorcito que aconsejaba lo contrario porque no llevaba la Copenhague Card recién comprada.

Verner nos invitó a un “cucumber Mojito” riquisimo al que siguieron otros cocteles deliciosos que ayudaron a entonar la noche. Tras 2 horas por la ciudad volvimos a Trekroner. Era la hora de Rockwool, su primera gran fiesta, su despertar definitivo. La cosa prometía porque eran 3 plantas con música y canciones, que iban del estilo flower power al dance con un toque Irish, y gente vestida con sus peores ropas o cuanto menos, algo estrambóticas. Me hubiese gustado imitarles pero llegamos a Korallen sin más que tiempo que para llenar el buche, adecentarnos y salir escopetados para la Blue Tower. ¿Poca cosa? A eso súmenle ir a Roskilde a por las bicis y volver montados en ellas. Un agradable paseito nocturno. Cuando quisimos legar a Rockwool la gente iba más feliz que un regaliz y con unas pintas que ni la mejor Bad-Taste Party puede superar. Lástima que fuese demasiado tarde y la gente se empezase a ir cuando solo me había bebido un cubata. Rockwool, volveré.

Bueno tras esa gran frase metafísica y pensada, continuo contando el día de ayer. Basicamente se resume en la visita turística por Copenhague. Con ellas dejé de sentirme Erasmus para ser un turista más: con las fotos, hablando español sin preocupaciones, la mochila y los bocatas de rigor. Comenzamos el día en el Tívoli y lo terminado comprando recuerdos de Christiania. Volví tan feliz con las 2 chapitas que cogí en un edificio dedicado a explicar la historia del Tibet. Mi honradez la dejé de nuevo en un extraño lugar de mi cabeza ya que había un buzón donde depositar el dinero de las chapas (2×20 DKK) pero como no había nadie vigilando solo deposité 50 céntimos de corona. Las chapas ya lucen en mi cuarto. Sigo rezando todos los días para que el Karma no exista o al menos que sea ciego. Chrisitiania siguió sorprendiéndome por su ambiente cultural, su gente y el rollo alternativo que envuelve el ambiente. Los 3 salimos contentos de allí y la felicidad nos duró toda la tarde, incrementándose al ver mi maleta con cosas para mí desde España. Enumero: pantalones térmicos, 2 sudaderas, un jersey, unas botas, lomo y jamón, PATE, sardinas, acetona, TOMATE ORLANDO, palmeras, series, aceite, palillos de oido, insecticida y postales de mi Madrid querido. Viajaré, conoceré, viviré, visitaré mil ciudades pero como Madrid, ninguna. Mi orgullo madrileño supera a todo lo demás y la nostalgia que siento por mi ciudad ahora se ve compensanda con las postales.

Pasado este ataque de Madrilitis y la apertura de la maleta, toca recordar la cena de ayer. En Korallen vuelve a haber esas cenitas en las que nos reunimos en las cocinas comunes para probar la comida diversa que cada noche cocina uno y socializar en inglés con la gente. El jueves fue la pasta de Vera y las tartas/bizcochos de Magdalena. La noche pasada tocaron crepes, tanto dulces como salados, que nos dejaron a casi todos bastante satisfechos. Pido públicamente perdón por llegar a mesa puesta =)  Posteriormente salimos de fiesta a Copenhague aunque tras ir al Francis Pony, nosotros 3 y unos cuantos más nos volvimos para Trekroner. Había sido un finde loco y ajetreado. Hoy, despedida y chip en modo hogareño/nostalgia. Pasarán meses hasta que de nuevo nos volvamos a reir con nuestras paridas. Os echaré de menis, mis tontinis favoritinis. Sobre todo ahora que me toca limpiar vuestra mierda =P

Subo las fotos (de mi camara) con los mejores momentos daneses. Por cierto, os habeis dejado el bronceador, menos mal que en Madrid hace frio y mucho viento. Aquí me será más útil.

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Lady Madrid

22 09 2010

Pasear en bici por la Main Street de Roskilde escuchando en el mP3  la canción de Pereza, te hace recordar que no estas en tu barrio, que hace más de un mes que no ves a tus amigos, que no estudias en tu universidad, que no tienes a tus padres para que te hagan las labores de la casa, que no te sientas en un bar a tomar una cervecita despues del estudio, que las noticias que llegan de España te parecen lejanas y extrañas, que echas de menos el metro, el tráfico y la vida nocturna madrileña pero también las tapas españolas, la Liga, ver a tu equipo de barrio, madrugar para ir a trabajar al aeropuerto, encontrarte por sorpresa con alguien que hacia mil años que no veias, pasar largas horas en la calle hablando con amigos del colegio para saber que es de sus vidas, llamar al móvil de tu mejor amigo para contarle como te ha ido el día, esas lentejas de la abuela que siempre protestas cuando las hace pero que ahora las añora, saber que hoy hace sol… y mañana también, dormir en tu cama con tu almohada, pagar con euros, conducir tu coche escuchando la radio a tope,planear la próxima escapada al mar…

Aprovechando una de las hermosas tardes soleadas y sin viento que nos regala Dinamarca de vez en cuando, decidí irme solo en bici hasta Roskilde ginorando los planes matutinos de correr o ir al Tivoli. Por más que mi resfriado me lleve la contraria, necesitaba aire fresco y estar un rato solo. Un tiempo necesario para salir del engaño de que aunque hablo español y me junto con gente latina vivo en un país completamente diferente. Descubres que hay parques muy bonitos, adornados con flores y estatutas pero que son cementerios; averiguas que la gente en bici te hace señales para indicarte que va a girar a la izquierda; observas que puedes vivir en el centro de la ciudad pero tener un casa con jardín y sin vecinos al lado; verificas que a las 18:00 están los restaurantes llenos de gente que se dispone a cenar; sonries cuando miras y ves todo el campo verde, muchos árboles y demasiada fauna; te deprimes al encontrar que el “todo a cien” es un “todo a 10 DKK”; te alegras al saber que los daneses son ingenuos; te acostumbras a frenar la bici con los pedales para atrás;  te cabreas cuando a pesar de tus quejas la tecnologia de las persinas no ha llegado al norte de Europa y te ilusionas al aventurar la cantidad de incertidumbres que todavía te quedan por descubrir en este país.

Menos mal que esta noche iremos a Copenhague de fiesta. Los bares se llenan de Erasmus debido a que hay “happy hour”. El alcohol no quita las penas pero al menos las aplaza hasta mañana