Suecia mola mazo ^^

31 03 2011

Hay ocasiones que sientes que estás viviendo un momento especial en tu vida. De esos que sabes que nunca se van a repetir. Sentado en medio de un paraje campestre en Suecia, entre cabras y casas de madera de colores, con sol y en cierto modo algo de calor. Branno no admite coches así que el medio de transporte es a pie o en bici. La isla está situada a 15 minutos en ferry de Goteborg y es un remanso de paz. En un embarcadero descubrí a que suena la naturaleza. Remanso de paz y tranquilidad.

Goteborg es una gran ciudad. Para los amantes de las ciudades, este es un buen ejemplo. Con sus grandes avenidas, sus extensos parques y con el bullicio típico de los coches y tranvías. Un consejo: si van a esta ciudad no paguen nada por el transporte. Uno se puede subir y bajar de cualquier medio sin que ningún revisor haga acto de presencia. Aún así, andando se puede recorrer lo más importante en un día. Si tuviese que destacar algo, recomendaría subir los 198 escalones hasta la torre-fortaleza que preside la ciudad o la imponente iglesia de Oskar-Fredicks. El segundo día en Goteborg sobra, a no ser que quieras visitar las islas del sur. Son 9 y están unidas por ferry. La más salvaje es Vrango y la más turística Branno. El resto son más pequeñas y menos pobladas.

EL trayecto en tren volvió a mostrarme los increíbles paisajes suecos. Bosques, lagos, ríos helados, granjas interminables. Es un placer mirar por la ventana de un tren escuchando música. Nuestra última parada fue Lund, la ciudad universitaria sueca por excelencia. A 50 min de Copenhague y a 2hymedia de Goteborg, esta pequeña ciudad tiene un encanto propio. Numerosos edificios dan muestra de su presente universitario. La catedral es bonita por fuera y completamente vacía por dentro. Ni un solo asiento. Aunque la anécdota del viaje fue el momento de esperar el tren con destino a casa. Una simpática mujer de unos ¿50 años? Con una botella con un líquido verde y unas gafas de sol negras por compañías hizo que llorase de risa. Borracha como una cuba, se puso a cantar, hacer sonidos extraños y dar un discurso propio de alguien que gana el premio nobel. Colofón a un gran viaje





Escandinavian trip – Parte 1. Goteborg: Una odisea de viaje

26 01 2011

Sucedieron tantos pequeños detalles que es necesario desmenuzar el viaje en distintos pasajes. La verdad es que no comenzo como todos habiamos planeado. Salimos con tres horas de retraso porque la furgoneta alquilada en RUC iba a una velocidad excesivamente lenta: 90km/h por autopista. Eso sin llegar a Copenhague donde 5 personas más, con sus respectivos bultos, la cargaron más. Resultado: de 70 no pasaba. Decidimos ir a Malmo para probar mejor. Lo que no sabíamos es que al poner un pie en el puente, no habría posibilidad de marcha atrás.

El peaje costó el módico precio de 37 euros que entre 9 no es mucho pero claro, no se te ocurra ir solo en el coche. En ese punto teniamos claro que la furgo no iba bien asi que desesperados buscamos un taller en malmo que estuviese abierto a las 21:00. La opción se reducia a uno: el de Mercedes. Entre súplicas y lamentos (“sois el único taller que nos puede ayudar en toda Suecia”) los reticentes mecáncios echaron un ojo al coche y dijeron que el turbo estaba jodido que podiamos ir a Goteborg y que allí en un taller de Wolkswagen nos lo arreglasen. De tal modo que había 2 caminos: volver a casa y al día siguiente alquilar otra furgoneta en RUC o arriesgarse y continuar hacia Goteborg. Adivinan cual escogimos.

Con humor y alegria nos tomamos las 5 horas de trayecto hacia la segunda ciudad más importante de Suecia. Las cuestas hacia arriba eran un martirio, los camiones nos adelantaban, y en ocasiones tuvimos que circular por el arcen. Eso si, cuando la carretera se empinaba hacia abajo, llegamos a alcanzar ¡¡¡115 km/h!!! Nos permitiamos el lujo de adelantar. Claro en más de una ocasión la cuesta se acabó antes del adelantamiento y tuvimos que desisitir en el intento.

En un viaje por carretera descubres aspectos curiosos que te ayudan a comprender un poco más el país. En Suecia las carreteras no están iluminadas, ni siquiera autopistas. Muchas partes del camino reinaba la oscuridad absoluta. Por suerte era luna llena y debido a la inclinación de la tierra, está reflejaba más luz de los que es habitual en España. De tal forma que pudimos contemplar grandes paisajes de rios congelados, cascadas de nieve entre rocas (por fin vimos montañas) y lagos con el reflejo de la luna. AWESOME. Encima a la velocidad que íbamos, las fotos se podían sacar como si estuviesemos parados.

En el concesionario la dejamos, solica y abandonada. Rota y a la espera que un funcionario de RUC la recogiese. Este fue el último servicio que prestó: