El viaje se accidenta

10 06 2011

¿Quién dijo que Varsovia no era bonita? Las grandes ciudades también tienen su encanto. Avenidas, explanadas, plazas, modernidad… No esperes otra cosa de una ciudad fundada varios siglos atrás pero renacida hace 60 años. O incluso menos. Destruida al 100% por parte de los stuka y bombarderos alemanes, capitalismo y vestigios del comunismo conviven a duras penas en Varsovia. Uno de los ejemplos de ese pasado aún reciente ha sido nuestro hostal. Edificio destartalado con una fachada digna de admirar, escaleras interminables y techos de metro y medio. El hostal resultó ser una casa antigua con un salón donde dormía una yonki (ojos ido, mandíbula desencajada), un dormitorio con gente rarísima, el baño con olor y decoración del siglo XIX. Pero lo pasamos pipa. Para evitar pasar el menor tiempo posible allí, decidimos salir de fiesta a la discoteca Park. Vale, se que las comparaciones son odiosas pero es en este tipo de sitios donde ves Timomarca en toda su extensión. Park es la discoteca de los Erasmus por excelencia (con mayoría española). sería comparable al Kulorbar ya que hay barra libre y el tipo de música y gente es parecido. ¿la diferencia? En Park de 8 de la tarde a 1 tienes barra libre por 2.5€ con ropero gratuito mientras que en el kulor es de 23:00 a 1:00 por 11€. Y así con un montón de precios… Al hostal volvimos a las 5, de día completamente y con los estómagos llenos de hamburguesas.

Varsovia la vimos en una mañana. El casco histórico, aún pequeño, es curioso de pasear. Está todo reconstruido pero merece la pena visitar la catedral, echarte una foto con Copérnico, visitar el mirador y comprobar que los olacos también tienen su propia versión de la sirenita. Es más guerrera, tiene un escudo de armas y espada y está emplazada en la plaza principal de Varsovia. Después de comer y despedirnos de la yonki, cogimos el tren con dirección a Krakow. Un poco de confusión ya que los supervisores no hablan inglés y un cambio de tren porque salía más barato aunque se tardaba más, fueron los ingredientes que amenizaron el trayecto. 14 euros, 5 horas. Los precios no son como en Dinamarca, los servicios tampoco. No aptos para los que tuvieran que hacer de vientre… Lo que más me gustó es que lso trenes son como las películas: un pasillo al ladod e la ventan y varios compartimentos con asientos. Cuando nos quedamos solos, estiramos los pies, nos quitamos los zapatos, corrimos las cortinas y nos sumergimos en un ambiente familiar y relajante. Todo perfecto hasta que Laura se dió cuenta que había perdido su maleta pequeña. Al cambiarnos de compartimiento se la dejó y solo se percató cuando nos bajamos en Cracovia. Mañana contaremos el desenlace final de la historia que como Auswitz, promete no defraudar


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