Un baño en el Mar del Norte

21 04 2011

Pongamos que hablo de un cuento.

Erase una vez, una isla llamada Selandia en la cual vivía un intrépido aventurero. Un día se le planteó la posibilidad de emprender un viaje al país vecino de Jutlandia. Alejado de la civilización y oculto entre terribles ventiscas se hallaba el Reino de las Tinieblas. Allí, en lo alto de una prolongada cuesta se alzaba la residencia imperial de la Reina Saurí. Una carroza roja nos esperaba a la puerta dispuesta a adentrarnos en las profundidades de la inmensa llanura. La Reina no viajaba sola. 5 vasallos provenientes de lejanas tierras estaban ahí para acompañarla. Comenzado el viaje, atravesamos Fionia, previo pago de un tributo al señor feudal que gobierna aquellas tierras, para llegar a Billund. De repente, y sin previo aviso, nos sumergimos en un cuento de niños. Un mundo donde todo eran figuras, donde todo era miniatura. Era la tierra de Legoland. Diversión y fantasia a precio de oro. La Reina Saurí dió varias de sus coronas y las puertas de ese mundo se abrieron ante nosotros.

Agotada tras un intenso día, la Reina pidió descansar en sus aposentos. El sitio escogido fue Ribe. De nuevo, volvimos a cambiar de cuento. Pero, en esta ocasión, nos adentramos en pleno siglo XII. Solo un extendo campo verde se extiendía hasta el mar. En su interior, oculto de las malignas miradas procedentes de los dominios de Poseidón, bañado por el río homónimo, se escondía el pueblo más antiguo de la región. Cada calle estrecha, cada casa de madera, cada rincón colorido, rememoraba el pasado vikingo y presente nórdico del lugar. Idílico para descansar, para escuchar las aguas correr, para saborear la dulce libertad, para sentir el tiempo pasar, para oler la primavera llegar.

Un día, decidimos ir a lo más alto de la torre más alta. La Reina Saurí quería contemplar el horizonte. 278 escalones que casi le hacen desfallecer. Pero no se preocupen, en los cuentos de niños nunca muere el personaje bueno. No obstante, se enfureció tanto, que tuvo que descargar un ira torturando a un ciudadano de Ribe. No paraba de preguntar y preguntar hasta que encontró a la persona perfecta. 1hora le sometió al interrogatorio. Incluso lo grabó. Dice que lo subirá a Internet para que todo el mundo pueda apreciar las magnificas cualidades de nuestra Reina.

En los cuentos, como en las postales, siempre reina el Sol. Una pequeña isla, Romo, hizo las delicias del séquito real. Montados en la carroza llegamos a orillas del Mar del Norte. Ahí donde Jutlandia acaba y se contempla a lo lejos, la tierras de los bárbaros ingleses. Tras haber llegado a los confines de su reino, la Reina pidió volver a casa. Una travesia de 4 horas que en la mayor parte del recorrido se hizo durmiendo. El Reino de las Tinieblas se alzaba de nuevo ante nosotros sin embargo, ¿les confío un secreto? El viaje pudo acabar pero lo bueno del cuento es que continua


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