Tierra de mitos

15 03 2011

Parensen un momentos a pensar. O mejor, a recordar. Posiblemente habrán llegado a Copenhague H en tren desde el aeropuerto. Y probablemente habrán contemplado como es la entrada a la ciudad. Obras, un enjambre de vías, varias chimeneas destacando en el horizonte y si tienen un poco de suerte, como hoy; un anticiclón cubriendo la capital les dará la bienvenida a Dinamarca. Nada hace presagiar que se va a encontrar el nuevo residente. No dejen de pensar que imagen tenían de este país antes de llegar.

Victor nos explicó no hace muchos días que en Dinamarca existe la Ley de Jante, que a efectos prácticos bien a ser “una norma social que supone que todo el que tiene un nivel por encima de la media de riqueza, fama o salud debe actuar con modestia. Sin ser presuntuoso ni hacerse notar más que el resto.” En la cultura escandinava se mira con cierta hostilidad a aquellos que se creen superiores o mejores. Es una ley ficiticia, creada por el autor danés Aksel Sandemose y que va en aras de conseguir una igualdad social y una sociedad humilde.

Por eso aquí te sientes cómodo. Ya sabemos que el Estado subvenciona a los estudiantes, ya hemos comprobado que los jóvenes se independizan a los 18 años, ya conocemos universidades con teles de plasma, con salas de juegos, con sofás confortables y estilosos, con reprografía gratis y a total disposición del alumno. Hemos sufrido las silence zone, hemos disfrutado de poder beber en la calle, hemos visitados sus cuidadas cafeterias/cervecerias y sus locales de jazz. Los fumadores salen a la calle a fumar porque los establecimientos, y no el Estado, no quieren que se fume dentro. Hemos estudiado en bibliotecas que realmente te inspiran para estudiar. El viajar por motivos de estudios o project jamás será un problema ya que la universidad se hace cargo de ello. Nos sorprendimos al descubrir la ecoaldea de Munksøgaard, el nivel de comunitarismo y cooperativo de la calle Jægersborggade, el barrio alternativo y libre de Christiania, que Suecia está a tres paradas de tren y el alto grado de confianza que tienen hacia las personas.

Son altos, rubios, elegantes y ricos. Pero no presumen, no destacan, te tratan como un igual. Posiblemente la gente no conozca ningún aspecto de los mencionados anteriormente cuando llega  a Copenhague H, ni que su patriotismo consiste en que los ciudadanos por medio de sus hechos construyan un país donde de gusto vivir, donde el Estadfo se preocupe por el bienestar de sus ciudadanos. Su buen patriotismo no se ve salpicado por el nacionalismo rancio de símbolos y proclamas fantasiosas. Se enorgullecen porque trabajan para ello. Y aún así ningún danés parece comprende por qué quiero vivir en este país, por qué estudio danés, por qué me fascina caminar por la tranquilidad de sus calles y su arquitectura. Todos miran con buenos ojos y envidia a la vieja España. Ayy la vieja España…


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