Si, me gusta vivir en Dinamarca

31 10 2010

Comienzo por el turno de agradecimientos: Ana, por el paté; Victor, por la fontaneria de mi cuarto de baño; Eva, por las galletas y la tortilla de patata; Sara, por las palomitas; Claudia, por aguantarme.

Que este país consiga convertir a un falsificador en potencia de documentos públicos en un ciudadano cívico que cumple con la ley solo lo decidirá el tiempo. Hoy de momento me he comprado el ticket mensual de 7 zonas con su correspondiente desembolso de 128 euros. Llegué a la conclusión de que con la Welcome Card perseguida por inspectores suscipaces y los numerosos viajes que voy a hacer este mes a Copenhague, me sale rentable coger el abono a pesar de ser una puñalada a mi corazón. Por lo pronto mi grupo del project work viven casi todos en Copenhague, además ya no tenemos clases con lo cual querré pasar más tiempo en la capital visitando barrios desconocidos o acompañando a la gente que me visite por los lugares más turísticos. No obstante, y parafraseando la mítica frase de Mc Arthur tras su derrota en Filipinas (Guerra del Pacífico), “I shall return”. Como apunte decir que cumplió la promesa.

La mañana la pasé comprando en Ikea, lo cual se ha convertido en el primer momento de soledad que he tenido en Dinamarca. A veces se agradece para poder ir a tu aire sin tener que dar explicaciones. La compra me la tomé con calma y analice minuciosamente toda la tienda. Hace 2 meses fuí con más gente y ni ví ni la quinta parte de lo que he visto hoy. He llegado a pensar que cambiaron todos los productos. Al final una lampara, una mesita, una manta, velas, una maceta, una alfombra. Total: 41 euros.

Ahora que con el cambio de hora ya es de noche (17:37) voy a dedicar a reorganziar mi cuarto y a estudiar un poco de inglés que falta me hace. Esta noche es Halloween y por primera vez lo “celebraré”. A comprarme un disfraz no llega el presupuesto asi que si acaso algo de maquillaje me pondré y listo.

Ayer quedó patentado que las fiestas en Trekroner Kollegium son una mierda. Ignoro si todos los años han sido así, pero vamos, este año están que se lucen. Ambiente deprimiente, música somnolienta y la sensación de enclaustramiento propiciada por ser un local sin ventanas, hacen el resto. Organizaron una fiesta de Halloween y cuando fuimos a echar el vistazo (quién sabe, la Iglesia dice que los milagros existen), nos arrepentimos enseguida y dimos marcha atrás. Encima había que pagar 3 coronas. Que no es que me importe pero prefiero tirarlas a una alcantarilla que malgastarlas ahí dentro. Ni punto comparación con la noche que pasamos en la cocina común. 5 horas de Risk, un divertido -y a la vez picante- juego de cartas llamado “las familias” y el siempre inigualable y emocionantisimo burro (Donkey, internacionalmente) con la obligación que quien perdía debía traer algo de comida =P

PD: La foto de hoy es para mi querida bici. Ya me da pena solo de pensar el día que la tenga que dejar


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31 10 2010
pájara

Marcoantonia!!!!!

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