1 mes en Dinamarca

20 09 2010

El mismo día en que se cumple un mes de mi estancia en Dinamarca descubrí que en este país los insecticidas cuestan 10 euros (el caro 31) y que probablemente mañana de el pistoletazo de salida a la amigdalitis.

30 días en Roskilde. ¿Rápido?, ¿lento? no se, el caso es que después de un mes me siento literalmente como en casa. Toca hacer balance de mi estancia y a decir verdad, sale positivo. La universidad me la conozco al dedillo y encima el campus me parece más bonito y acogedor que el de Moncloa. La primera asignatura que acabé -y aprobé, espero- es Social Media. Esta se despidió, entre pasta de té y uvas, con la famosa exposición de mi virtual world. A las 12:30, delante de quizás 20 personas, tuve que perder la verguenza y hablar en inglés durante un minuto acerca del mensaje, el objetivo y la estrategia de nuestro proyecto. Nada comparado con los 3 minutos y delante de una auditorio con más gente que tuvieron que realizar los alumnos de Speech Comunication. Salió bien y mañana, asignatura nueva.

En la residencia voy aprendiendo a vivir solo. De momento, a pesar de no haber cocinado nunca y ser uno de mis grandes temores, no he tenido problemas con la comida. Poco a poco voy mejorando mis dotes culinarias y al menos las cosas sencillas me salen bien. El tema d ela limpieza es lo que más me saca de mis casillas ya que en estos suelos a la minima que se te caiga una miga se ve perfectamente asiq ue siempre tienes la impresión de que están sucios. El baño es el remate de este problema. Antes andaba preocupado fregandolo todos los días, ahora viendo que todos tenemos el mismo problema, cierro la puerta y que le den por saco. Como bien lo definió Sara, este suelo es poco sufrido.

No por ser lo último es lo menos importante, incluso me atrevería a decir que es casi lo mejor. Es decir, la gente. Intentaré ser breve en la descripción para que sirva de modelo como presentación oficial. Comencé mi Erasmus con Silvia, juntitos y sin separarnos ni un segundo. Siempre es agradable contar con un amigo cuando te vas a vivir fuera. No te sientes tan solo ni tan incomprendido con el idioma. Al comenzar las clases empezamos a socializar con extranjeros bajo la premisa de “españoles NO”. De este modo conocimos a Moritz mi vecino de al lado, gracioso como el mismo y que intenta aprender a bailar. Otro que intenta aprender, en este caos español, es Paolo. Italiano, discreto y muy buen conversador se le añade la facultad de que cocina una pasta deliciosa. Con él conocimos al resto de italianos, que al igual que los españoles, nos juntamos para hablar nuestro idioma. Gente como Chiara, Ginevra o Pietro nos han acompañado al Ikea o Malmo. Pero poco duró nuestro afán internacionalista, exactamente un día de clase. Fue lo que tardamos en juntarnos con una cabra loca catalana llamada Claudia con la que tengo discursiones de matrimonio y 2 andaluzas con mucho salero: Miriam y María, más conocida esta última como Antoña la del moño. Al soler estar todo el tiempo juntos y hablando español, lo que era un problemilla se convirtió en problemón. Todo español que venía a la resi nuevo se acercaba a nosotros, así conocimos a Eva, Virginia, Aitor, Javi… La cosa tomó tintes dramáticos cuando fusionamos 2 grupos de hispano-parlantes. Anteriomente a nuestra llegada, en el Fundation course, 6 españoles se conocieron y entablaron una fuerte amistad. Nosotros y ellos creiamos que no llegaríamos a juntarnos pero el cenar en la Mediterranean Kitchen o salir de fiesta nos hizo que progresivamente fuesemos quedanos más y más. A cada cual más simpático: Victor y Guille los manitas profesionales, Ana y María o zipi y zape, inseparables, que con sus cuartos colidantes uno no distingue casi que casa es de cada una. Luego también están Marc el político y Sara un caso a parte y digno de admirar.Conclusión: todos los españoles nos vamos de viaje a Berlín. Los 15 o 16 que seamos.

¿Y el resto de extranjeros?. Pues por ahí andan supongo. Claro está que también hablamos con ellos, es más estoy intentando chapurrear (no se puede llamar hablar) nuevos idiomas como japones, alemán o italiano. Aunque tengan costumbres difernetes a las nuestra todos son muy majos y agradables. Entre ellos destaco a Leni, Hiroko o Fanny con las que no paro de reirme. En cierto modo los extranjeros nos marginan, vale que hayamos creado un guetto hispano o que hablemos durante mucho tiempo español pero es que si no tenemos angloparlantes en el grupo dificilmente aprenderemos algo =)

Espero que dentro de un mes pueda volver a decir que se siento tan bien como hoy mismo. Ojalá lo único que empeore en Dinamarca sea el tiempo. Y solo porque eso yo no lo puedo controlar.

¿Bailamos un vals?

Verner´s garden

¡Playa!

Hoy subo algunas fotos de ayer. La cena está lista


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